Cómo la Oración y la Fe pueden cambiar tu vida diariamente
La fe en Dios
La oración es mucho más que un momento para pedir ayuda; es la forma en que una persona aprende a caminar junto a Dios y a descubrir los planes que él tiene para su vida. La Biblia enseña que Dios conoce cada uno de nuestros días y que tiene propósitos preparados para nosotros aun antes de que nazcamos. Por eso, la oración no debería limitarse únicamente a presentar necesidades, sino también a buscar dirección, sabiduría y la voluntad divina para cada día. Jesús mismo dedicaba tiempo temprano en la mañana para orar, porque entendía que la verdadera fuerza espiritual nace de la comunión constante con el Padre.
Escribió Ellen White: “vi que había una gran falta de fe entre los siervos de Dios, como también entre la iglesia. Se desaniman con demasiada facilidad, propenden demasiado a dudar de Dios y creer que les toca una suerte dura y que Dios los ha abandonado. Vi que esto era cruel. Dios los amó de tal manera que dio a su Hijo amado para que muriese por ellos, y todo el cielo estaba interesado en su salvación. Sin embargo, después de todo lo que se hizo por ellos, les costaba confiar en un Padre tan bondadoso y amante. Él ha dicho que está más dispuesto a conceder el Espíritu Santo a quienes se lo piden que los padres terrenales a dar buenas dádivas a sus hijos. Vi que los siervos de Dios y la iglesia se desanimaban con excesiva facilidad. Cuando pedían a su Padre celestial cosas que creían necesarias y no las recibían inmediatamente, su fe vacilaba, su valor desaparecía, y se posesionaba de ellos un sentimiento de murmuración. Vi que esto desagradaba a Dios”.
Cuándo orar
Muchas veces las personas oran solamente cuando tienen problemas, dificultades o temores. Sin embargo, la oración también es una experiencia de relación y confianza. Dios no desea únicamente entregar bendiciones; desea estar presente en la vida de sus hijos. Por eso Jesús fue llamado Emanuel, “Dios con nosotros”. Cuando una persona busca sinceramente la presencia de Dios, encuentra paz, seguridad y fortaleza aun en medio de las pruebas. La fe crece cuando dejamos de depender solamente de nuestras capacidades y comenzamos a confiar en que Dios conoce nuestras necesidades y ya tiene soluciones preparadas.
Continúa la escritora: “Todo santo que se allega a Dios con un corazón fiel, y eleva sus sinceras peticiones a él con fe, recibirá contestación a sus oraciones. Vuestra fe no debe desconfiar de las promesas de Dios, porque no veáis o sintáis la inmediata respuesta a vuestras oraciones. No temáis confiar en Dios. Fiad en su segura promesa: “Pedid, y recibiréis”— Juan 16:24. Dios es demasiado sabio para errar, y demasiado bueno para privar de cualquier cosa buena a sus santos que andan íntegramente. El hombre está sujeto a errar, y aunque sus peticiones asciendan de un corazón sincero, no siempre pide las cosas que sean buenas para sí mismo; o que hayan de glorificar a Dios. Cuando tal cosa sucede, nuestro sabio y bondadoso Padre oye nuestras oraciones, y nos contesta, a veces inmediatamente; pero nos da las cosas que son mejores para nosotros y para su propia gloria. Si pudiésemos apreciar el plan de Dios cuando nos envía sus bendiciones, veríamos claramente que él sabe lo que es mejor para nosotros, y que nuestras oraciones obtienen respuesta. Nunca nos da algo perjudicial, sino la bendición que necesitamos, en lugar de algo que pedimos y que no sería bueno para nosotros”.
La verdadera fe
La verdadera fe no consiste únicamente en creer que Dios puede hacer milagros, sino en aprender a colocar la vida entera en sus manos. Con frecuencia las personas oran y luego intentan resolver todo por sus propias fuerzas, llenándose de ansiedad y preocupación. Pero la oración auténtica enseña a esperar en Dios, a confiar en su dirección y a permitir que él obre en el momento correcto. Cuando el ser humano deja de colocarse en el centro y pone a Dios como prioridad, comienza a experimentar una paz diferente y una nueva manera de vivir.
“Vi que si no advertimos inmediatamente la respuesta a nuestras oraciones, debemos retener firmemente nuestra fe, y no permitir que nos embargue la desconfianza, porque ello nos separaría de Dios. Si nuestra fe vacila, no conseguiremos nada de él. Nuestra confianza en Dios debe ser firme; y cuando más necesitemos su bendición, ella caerá sobre nosotros como una lluvia”.
La Biblia muestra ejemplos de hombres como Moisés y el apóstol Pablo, quienes entendieron que la gloria de Dios debía estar por encima de los intereses personales. Esa actitud revela una fe madura, una fe que no busca solamente beneficios, sino agradar a Dios y servirle sin importar las circunstancias. Cuando la oración nace de ese deseo sincero de honrar a Dios, el corazón cambia, las prioridades cambian y la vida espiritual se fortalece profundamente.
Como una semilla de mostaza
“Cuando los siervos de Dios piden su Espíritu y bendición, a veces los reciben inmediatamente; pero no siempre les son concedidos en seguida. En este último caso, no desmayemos. Aférrese nuestra fe de la promesa de que llegará. Confiemos plenamente en Dios, y a menudo esta bendición vendrá cuando más la necesitemos; recibiremos inesperadamente ayuda de Dios cuando estemos presentando la verdad a los incrédulos, y quedaremos capacitados para impartir la Palabra con claridad y poder”.
Jesús enseñó que la fe, aun siendo pequeña como una semilla de mostaza, puede producir grandes resultados. Muchas veces las personas limitan a Dios porque oran con temor, dudando de lo que él puede hacer. Sin embargo, Dios sigue siendo el mismo: poderoso, amoroso y capaz de hacer mucho más de lo que imaginamos. La oración acompañada de fe abre la puerta para experimentar el poder de Dios, no solamente en grandes milagros, sino también en las necesidades diarias, en las decisiones importantes y en las luchas personales.
“Se me presentó el asunto como el caso de los niños que piden una bendición a sus padres terrenales que los aman. Piden algo que el padre sabe les ha de perjudicar; pero el padre les da cosas que serán benéficas para ellos, en vez de aquello que deseaban. Vi que toda oración elevada con fe por un corazón sincero, será oída y contestada por Dios, y que el suplicante obtendrá la bendición cuando más la necesite, y a menudo esta excederá sus expectativas. No se pierde una sola oración de un verdadero santo, si es elevada con fe por un corazón sincero”.
Por eso, buscar a Dios cada día debería convertirse en una prioridad. Antes de comenzar cualquier actividad, la oración permite encontrar dirección, fortaleza y propósito. Cuando una persona busca sinceramente la presencia de Dios y pone su vida en sus manos, descubre que la fe deja de ser solamente una teoría y se convierte en una experiencia real. En esa comunión diaria se encuentran respuestas, esperanza, victoria y un gozo que ninguna otra cosa puede ofrecer.